
Siento que de pronto el mundo grita por paz, por respeto, exige que sea tomado en cuenta. Tal vez esperó paciente y silencioso con la idea de que nosotros los humanos reaccionaríamos en compasión; antes de causar tanto daño, pero no. Simplemente ignoramos las peticiones del planeta, cuando se inundó de lluvia, cuando se quebró en sus terremotos, cuando voló con sus tornados.
Y todas sus criaturas… ¿por qué tienen ellas que pagar lo que nosotros hemos ocasionado?
Nos hemos apoderado de las cosas que nunca han sido nuestras, nos sentimos dueños del mundo que habitamos, cuando ha sido el mundo quién nos permitió quedarnos aquí, somos sus huéspedes, sus invitados, debemos respetar esta casa que no es nuestra, debemos disfrutarla con amor y armonía mientras estemos aquí.
Creo que el mensaje está claro, los animales, las plantas, los insectos, la atmósfera, el clima, los suelos, el espacio, y todo aquello que no somos nosotros, se está manifestando, y mientras todos viven una sincronía y una sintonía exigiendo un lugar digno, nosotros humanos, pensamos que todo está mal, menos nosotros.
Cuántas veces no han escuchado decir de alguien “este clima horrible, en la mañana un calor intenso y en la noche un frío insoportable”; bueno a esas personas, recuérdenles que nosotros lo provocamos.
Otra frase común es: “que raro que haya pasado por aquí este huracán en estas fechas”. Recuérdales, la tala desmoderada, lo ha provocado. Nosotros lo hemos provocado.
Cuando nos enteramos de las “vacas locas” y de la fiebre aviar, ¿a quién culparon?
Despierten, nosotros somos los responsables, el planeta nos puso aquí porque pensó que seríamos buenos guardianes de la naturaleza, no lo defraudemos, aún se puede hacer algo.
La diversidad de panoramas en la tierra es infinita, miles de ventanas se abren a brazos llenos, para dar a nuestros corazones brío y tibieza.
Sus aguas, sus desiertos, sus prados. Sus animales, plantas, montañas y tesoros, fueron un regalo del universo. Un regalo que el universo se quiso dar a sí mismo.
Nosotros somos parte de esa mezcla, de esa coincidencia, de ese milagro.
Pero no hemos aprendido a ver a la tierra como el hogar ajeno, como los visitantes, como los aliens.
Tal vez, en la casa propia, decimos groserías y no jalamos el baño, pero en la casa ajena como visitantes, refinamos los modales.
Deberíamos ser educados con la filosofía de Gaia, mejor conocida como tierra, Gaia habla de la tierra como si fuera una persona, un espíritu, un ser vivo, Gaia es una diosa en la mitología griega, y en ella late el corazón de donde habitamos.
Sus creaciones y dones son infinitos, y sus protestas se hacen notar, Gaia es superior que todos nosotros y sabe que disfrutamos de ella, de la tierra. Por eso nos ha invitado y nos ha dicho -bienvenido, mi casa es tu casa-
lo menos que debíamos hacer era comportarnos y ser respetuosos, pero lo único que hemos conseguido es ser vistos como depredadores, asesinos de arboles, animales y recursos. Nos hemos apropiado de un lugar que no nos pertenece, y es momento de devolverle a sus dueños la morada, a aquellos que estaban aquí antes y que fueron tan buenos inquilinos de Gaia, que ahora son también socios, me refiero a todos, menos a los humanos.
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